La industria de la moda: Ecoimpostura y la economía circular

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La industria de la moda se encuentra en segundo lugar entre las industrias más contaminantes. Unas más y otras menos, las empresas intentan poner de su parte para hacerla más sostenible. Pero los consumidores también tenemos un papel crucial: podemos decidir comprar los productos de quienes son "verdaderamente" sostenibles. ¿Cómo hacerlo?

La industria de la moda es la segunda más contaminante del mundo después de la petroquímica. La verdad es que lo percibimos de inmediato cada vez que entramos en cualquier tienda de ropa. En muchos casos nos sentimos atraídos por la llamada sección “verde”, normalmente marcada por carteles y etiquetas ecológicas, acompañadas de muchos eslóganes y pocos datos concretos que, sin embargo, disminuyen al instante nuestro sentimiento de culpa, en la creencia de que, aunque nos estemos adhiriendo a la lógica del consumismo, lo estamos haciendo de forma respetuosa con el medio ambiente.

Se calcula que este sector consume 98 millones de toneladas de recursos no renovables, más de 93 mil millones de metros cúbicos de agua y es responsable de más de 1’7 mil millones toneladas de CO2 al año. La industria de la moda no sólo figura entre las “Top Tres” industrias más contaminantes del mundo, sino que su producción incluso se ha duplicado en los últimos quince años debido al desarrollo de la llamada moda rápida, como sector de la industria de la confección que produce colecciones inspiradas en la alta costura pero puestas a la venta a bajo precio y renovadas a corto plazo. Las empresas son conscientes de ello desde hace tiempo, pero solo han decidido comprometerse de forma concreta en los últimos años. De hecho, en 2018, en la COP24, varias grandes empresas y organizaciones firmaron un documento con compromisos concretos para alcanzar los objetivos del Acuerdo de París. El objetivo del pacto, renovado hace unos días en la Conferencia de Glasgow y en línea con sus principios, es lograr cero emisiones en 2050.

Esta generación quiere cambiar de verdad: desde los proveedores hasta todos los que trabajan para nosotros. Hay un gran cambio de mentalidad

Bjorn Gulden, CEO di Puma

Según Jerome Le Bleis, director del proceso de producción de Burberry, esto significa “acciones concretas, materias primas recicladas y certificadas y algodón orgánico”. Existe un cierto nivel de consenso en torno a la necesidad de que también la industria de la moda afronte el reto del cambio climático de una forma más consciente y coherente, en una palabra, sostenible. Pero, ¿qué significa que una industria de esta envergadura sea sostenible?

En 2019, H&M lanzó ‘Conscious’, la primera colección ‘verde’ de la conocida marca sueca centrada en el uso de algodón orgánico y poliéster reciclado. Sin embargo, pronto se descubrió que solo el 20% del poliéster utilizado se reciclaba realmente y que una camiseta de algodón 100% orgánico requiere 20.000 litros de agua para su producción. H&M es sólo un ejemplo entre muchas marcas notoriamente acusadas de “greenwashing” (lavado verde), es decir, de seguir estrategias de marketing que presentan sus actividades como respetuosas con el medio ambiente mientras intentan ocultar su verdadero impacto medioambiental negativo.

“Obtenemos recursos, los tomamos, los utilizamos para fabricar nuestros productos, los vendemos, y ahí se acaba todo”, comenzó diciendo la diseñadora de moda británica Stella McCartney durante la conferencia ‘La industria de la moda en la carrera hacia cero’, para después subrayar cómo, en cambio, “la circularidad es un punto clave en todo este proceso”. En un contexto de economía circular, de hecho, los residuos y desechos se reciclan y se transforman de nuevo en materias primas, a través de tecnologías que permiten separar las fibras, regenerarlas y darles una nueva estructura. House of Baukjen, marca británica de ropa galardonada con el ‘Un Global Climate Action Aword’ (Premio Mundial de Acción por el Clima) de la ONU por lograr el objetivo de cero emisiones, es un formidable ejemplo de economía circular. El 90% de los residuos producidos se recicla, pero eso no es todo: las prendas compradas y usadas pueden “devolverse” y, según las condiciones, revenderse como colecciones de segunda mano o donarse a organizaciones benéficas. Pero la sostenibilidad no sólo consiste en poder utilizar los recursos de forma que también los garanticen para las generaciones futuras; también significa garantizar unos salarios y unas condiciones laborales adecuados y justos para los trabajadores.

El modelo de economía circular aún no está muy extendido, pero es exactamente lo que necesitamos. No es sostenible limitarse a seguir produciendo, aunque las materias primas se reciclen por completo: hay que centrarse en la última fase del proceso, la de los residuos, de lo que se quemaría (y aún se quema) o se deposita en vertederos para que, en su lugar, tenga una nueva vida. Las nuevas tecnologías sin duda ayudan a ello, pero para que esto ocurra a gran escala hacen falta reglamentos y normas, tanto para las empresas como para los consumidores, que aún se encuentran desconcertados en este mercado en el que es difícil entender quién se esfuerza de verdad y quién se limita a “greenwashing”.

“Tenemos el poder de cambiar la forma en que los consumidores utilizan la moda”. Stella McCartney lanza un mensaje contundente, consciente del papel fundamental que tienen las marcas no sólo en la puesta en marcha de un sistema de producción sostenible, sino también en la comunicación transparente sobre el propio proceso.

Por un lado, la voluntad de comprometerse a actuar de verdad dependerá en gran medida de las propias empresas, que pueden seguir haciendo lo mínimo necesario para parecer interesadas por el medio ambiente o adoptar y hacer suyo un modelo de economía circular que les permita cerrar el círculo. Pero, por otro lado, el consumidor tiene un poder tangible: puede elegir a qué tienda ir y qué comprar; aunque a menudo siga faltando información sobre la sostenibilidad real de un producto, cada vez es más crucial que el consumidor esté informado y haga una elección crítica. “La industria de la moda siempre va dos pasos por delante cuando se trata de definir la cultura mundial”, afirmó Patricia Espinosa, Secretaria Ejecutiva de la CMNUCC. Veremos si esta vez también lo consigue, con la diferencia de que, en la actual crisis climática y medioambiental, puede que pronto sea demasiado tarde para volver sobre los propios pasos y tomar un camino diferente.

Fuentes:

  • Ellen MacArthur Foundation, 2017 
  • WWF- https://www.wwf.ch/it/i-nostri-obiettivi/rating-wwf-industria-tessile-e-dellabbigliamento
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