Juegos del Mediterráneo: deporte y transformación para la Ciudad de los Dos Mares

Juegos del Mediterráneo
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La ciudad de Taranto acogió uno de los acontecimientos deportivos más importantes del área euromediterránea: una oportunidad de relanzamiento urbano, cultural y económico que miró más allá de la competición.

Por Mariantonietta Popolizio
Mentoría: Paulo Lima

La ciudad de Taranto acogió uno de los acontecimientos deportivos más importantes del área euromediterránea: una oportunidad de relanzamiento urbano, cultural y económico que miró más allá de la competición.

Del 21 de agosto al 3 de septiembre de 2026, Taranto acogió la XX edición de los Juegos del Mediterráneo, un evento multideportivo que reunió a los países ribereños del mar Mediterráneo y promovió los valores del deporte, la cooperación y el diálogo intercultural.

El evento representó uno de los acontecimientos deportivos internacionales más importantes organizados en Italia en los últimos años y llevó a Apulia a miles de atletas y visitantes procedentes de 26 países. Para la “Ciudad de los Dos Mares”, sin embargo, no se trató únicamente de deporte, sino, sobre todo, de una oportunidad de transformación y relanzamiento.

Orígenes e historia de los Juegos del Mediterráneo

Los Juegos del Mediterráneo son mucho más que un torneo regional: representan el acontecimiento multideportivo más importante de la zona después de los Juegos Olímpicos. Nacidos oficialmente en 1951 en Alejandría, Egipto, gracias a la iniciativa del dirigente deportivo egipcio Mohamed Taher Pasha, los Juegos fueron concebidos para unir tres continentes, Europa, África y Asia, bajo el signo del diálogo y la cooperación intercultural.

Desde hace más de setenta años, estos “Juegos Olímpicos del Mediterráneo” promueven los valores de la amistad entre los pueblos que comparten la misma cuenca mediterránea. Desde entonces, el evento se celebra cada cuatro años y reúne a más de 20 naciones.

Banderas de los XX Juegos del Mediterráneo, fuente: sitio web de los Juegos

Italia siempre ha desempeñado un papel destacado, tanto como participante como país anfitrión. Con la edición de Taranto 2026, Italia estableció un récord absoluto al acoger el evento por cuarta vez, después de Nápoles en 1963, Bari en 1997 y Pescara en 2009.

La relación entre Italia y los Juegos del Mediterráneo también estuvo marcada por un importante récord deportivo: la delegación italiana posee el récord absoluto de medallas, al haber terminado en primera posición del medallero en 13 ediciones.

¿Por qué Taranto?

La candidatura de Taranto como ciudad anfitriona de los Juegos del Mediterráneo fue oficializada en 2019 y contó con el apoyo del Gobierno italiano, del CONI (Comité Olímpico Nacional Italiano) y de las instituciones regionales.

La elección de la ciudad de Apulia no fue casual: Taranto ocupa una posición estratégica en el Mediterráneo y posee una identidad milenaria vinculada a los mitos espartanos, al mar y a los deportes náuticos. Sin embargo, durante las últimas décadas, el nombre de la ciudad había estado asociado casi exclusivamente a las heridas ambientales e industriales provocadas por la industria siderúrgica.

Los Juegos del Mediterráneo representaron, por tanto, un instrumento para cambiar esta narrativa. El objetivo era mostrar al mundo una ciudad capaz de apostar por el turismo, la cultura y la regeneración urbana.

Monumentos y lugares emblemáticos como el Castillo Aragonés, el Puente Giratorio, el Museo Arqueológico Nacional (MArTA) y la Ciudad Vieja se convirtieron en escenarios de una promoción turística sin precedentes, destinada a transformar Taranto en un destino de excelencia para la “economía azul” y el turismo internacional.

El Castillo Aragonés de Taranto, fuente: sitio web de los Juegos

Según las estimaciones difundidas por los organizadores, el evento atrajo a más de 200.000 personas, entre espectadores, delegaciones y trabajadores de los servicios. El impacto económico afectó principalmente al turismo, la restauración, el comercio y los servicios.

Numerosas empresas y organizaciones mostraron interés por el evento: en 2026, Nike se convirtió en el patrocinador oficial de la competición, mientras que la Universidad de Bari (UniBa) colaboró activamente en el apoyo al evento, destacando su valor educativo y de investigación.

Obras y transformación urbana

De cara a los Juegos, se pusieron en marcha numerosos proyectos de infraestructura destinados a transformar la imagen de la ciudad y de los demás municipios de Apulia implicados, que acogieron 29 disciplinas diferentes.

Entre las principales intervenciones se encontraban la renovación del estadio Erasmo Iacovone y la rehabilitación de instalaciones deportivas ya existentes, como el Atlantico D’Amuri de Grottaglie y el Centro Deportivo “Magna Grecia”, con el objetivo de adaptarlos a los estándares internacionales.

Además, comenzaron las obras de construcción de nuevas instalaciones, entre ellas el nuevo Centro Náutico en la zona de la antigua Estación Torpediniera. El proyecto transformó el paseo marítimo y las zonas que dan al Mar Piccolo en un centro de excelencia para la vela, el remo y la natación en aguas abiertas.

Mapa de los lugares que acogieron los Juegos del Mediterráneo 2026, fuente: sitio web de los Juegos

También se prestó especial atención a la movilidad urbana, a la puesta en valor del paseo marítimo y a la recuperación de algunas zonas periféricas.

Según el Comisario Extraordinario de los Juegos, Massimo Ferrarese, el objetivo era dejar a la ciudad infraestructuras que pudieran seguir utilizándose incluso después de la finalización del evento.

Gestión y críticas

Junto al entusiasmo, tampoco faltaron las polémicas y las preocupaciones. El proceso burocrático fue complejo y requirió la intervención de un Comisario Extraordinario para desbloquear la financiación y las obras.

Algunos retrasos en las obras de infraestructura y otras complicaciones alimentaron las dudas sobre la capacidad organizativa de la ciudad. En los meses previos a los Juegos, varios municipios estuvieron en riesgo de perder financiación debido a problemas de procedimiento, e incluso se llegó a hablar de un posible aplazamiento del evento.

La situación internacional complicó aún más el panorama. Las tensiones en Oriente Medio generaron preocupación por la seguridad y la logística de los cruceros destinados a alojar a los atletas.

A pesar de ello, en las últimas semanas previas al evento, el CONI y las instituciones nacionales confirmaron oficialmente que los Juegos se celebrarían con normalidad y según el calendario previsto.

Una mirada hacia el futuro

Para Taranto, el evento representó mucho más que una simple competición deportiva: fue una oportunidad de nuevo comienzo que el territorio llevaba décadas esperando.

Se trató de un ambicioso proyecto destinado a transformar definitivamente la imagen de la ciudad. A través del deporte, Taranto tuvo la oportunidad de mostrarse al mundo bajo una luz diferente: no solo como una ciudad industrial, sino también como un lugar de cultura, mar, innovación y encuentro entre pueblos.

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