Por Klaudijo Klaser
Foto: Raimundo Paccó/COP30
La mayoría de nosotros escucha con frecuencia hablar de negociaciones multilaterales para actuar frente al fenómeno del cambio climático: las llamadas Conferences of the Parties (COP). Sin embargo, probablemente pocos saben que en realidad existen tres COP.
Durante la Cumbre de la Tierra de 1992 en Río de Janeiro se firmaron tres acuerdos distintos: la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), la Convención sobre la Diversidad Biológica (CDB) y la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (UNCCD).
La primera —la más conocida— se celebra cada año, mientras que las otras dos tienen periodicidad bienal.
En un side event —un espacio reservado para organizaciones no gubernamentales e intergubernamentales con acceso limitado a las negociaciones formales— de la COP30 en Belém el 17 de noviembre, titulado “From Rio to Belém: Synergistic action for ecosystem restoration and climate resilience”, se reafirmó, décadas después y nuevamente en Brasil, la profunda complementariedad entre las tres COP.
Desde Río, el cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la desertificación han sido considerados fenómenos estrechamente interconectados que representan desafíos existenciales para la humanidad por igual.
En el panel del evento, dividido en tres segmentos y compuesto por 14 personas, participaron: los tres Secretarios Ejecutivos de las tres Convenciones —Simon Stiell (CMNUCC), Astrid Schomaker (CDB) y Andrea Meza Murillo (UNCCD); cinco ministras y ministros de Medio Ambiente de Brasil y de los países anfitriones de las COP 16 y 17 (CDB y UNCCD); y seis representantes de la sociedad civil, entre ellos Hindou Oumarou Ibrahim, Presidenta y Coordinadora de la Asociación de Mujeres y Pueblos Indígenas de Chad (AFPAT), Sonia Jean Jaques, Secretaria del pueblo indígena del estado brasileño de Amapá, y Emmanuel Seck, Director Ejecutivo de ENDA Energie, una organización civil con sede en Senegal.
En sus intervenciones, todos insistieron en que también en Belém la palabra clave sigue siendo “sinergia”, porque solo “una acción integrada traerá resultados más inmediatos y al mismo tiempo más duraderos”.
El cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la desertificación no son problemas que puedan abordarse en compartimentos estancos, o, en palabras de una de las participantes, que puedan “ser segregados por una mentalidad cartesiana” que opera únicamente a través de conceptos separados y distintos.
Las tres crisis están inevitablemente conectadas, y trabajar en soluciones sinérgicas y holísticas “no es un lujo, sino una necesidad” dada la gravedad del momento actual.
A las tres crisis se les debe responder de manera cohesionada y coherente, porque solo así se logrará un resultado cuyo valor sea mayor que la suma de los esfuerzos individuales.
En la COP30 de Belém se reiteró con firmeza que no se puede dar prioridad a una de las tres Convenciones —“no existen tres planetas, uno para cada COP”—, sino que debe haber una acción conjunta que aproveche las sinergias: sinergias entre naciones; entre ciencia, política y sociedad civil; entre generaciones; entre sector público y privado; y entre el conocimiento técnico-científico y los saberes de los pueblos indígenas locales.
Así, “las sinergias son el único camino posible” para una acción concreta y eficaz frente a los fenómenos vinculados al cambio climático.
