Por Ruanne Josefa | Fotos de Wenderson Tavares Ferreira
La agenda de las infancias y adolescencias fue uno de los focos del lunes (17) en la COP30. A lo largo del día se realizaron diversas actividades con participación infantil y juvenil en los distintos espacios oficiales y paralelos de la Conferencia. La Agencia Joven de Noticias acompañó la participación de adolescentes del Comité de Participación de Adolescentes (CPA), del Conanda, en dos eventos: el debate “Diálogos sobre la Participación de Adolescentes en las Políticas Públicas y la Agenda Climática”, realizado en la Green Zone, y el panel “Infancia, Justicia Climática y Participación Social”, realizado en la Casa de las ONG.
Manoela Laurinho, 16 años, de Melgaço, en la Isla de Marajó (PA), y Ana Beatriz, 15 años, indígena Makuxi de la Tierra Indígena Raposa Serra do Sol (RR), ambas integrantes del CPA, participaron en las discusiones, compartieron sus vivencias territoriales y defendieron la importancia de políticas públicas dirigidas a niños, niñas y adolescentes.
El CPA está compuesto por 47 adolescentes: 27 indicados por los Consejos Estatales y del Distrito Federal, 10 seleccionados mediante una convocatoria virtual y 10 representantes de diversos grupos sociales. Para Manoela, el comité es un espacio fundamental para garantizar que las voces jóvenes sean escuchadas. “Es un comité donde nosotras, por derecho, tenemos voz y somos escuchadas, donde mostramos nuestras realidades y vivencias”, explicó.
Ana Beatriz refuerza que el CPA rompe con la idea de que los adolescentes no tienen opinión o capacidad de contribuir al debate público. “La mayoría de los adultos mira y dice que nosotros, niños y adolescentes, no tenemos capacidad de tener una opinión propia, siendo que muchas veces ni los adultos la tienen. Pero sí, somos capaces, tenemos voz activa”. También destaca uno de los principios centrales del grupo: “¡Nada para nosotros sin nosotros!”
Las dos jóvenes presentaron también las condiciones de vida en sus territorios. Manoela describió la realidad de Melgaço, ciudad ribereña del archipiélago de Marajó. Según ella, aunque la región no sufre los niveles de contaminación de las grandes ciudades, enfrenta dificultades relacionadas con el acceso a servicios públicos básicos: “Las dificultades allí son completamente diferentes […]. A veces no hay educación, salud, alimentación, y así sucesivamente. Podemos ver nuestras dificultades y también las violaciones de derechos que sufrimos”.
Ana Beatriz, por su parte, relató situaciones más graves de la Tierra Indígena Raposa Serra do Sol, señalando problemas ambientales y de salud causados por acciones ilegales: “Allí tenemos alcantarillado a cielo abierto en las calles… la basura se recoge y se tira en un basurero grande y le prenden fuego. Los residuos van al igarapé cerca del pueblo”.
También mencionó la contaminación del agua por mercurio, resultado del garimpo (minería ilegal): “Muchas personas indígenas fallecieron debido al agua contaminada y al consumo de pescado contaminado”.



A pesar de las dificultades, ambas enfatizaron que participar en el CPA y en la COP30 fortalece sus voces y da visibilidad a jóvenes que viven directamente los impactos de las crisis ambientales y de la ausencia de políticas públicas efectivas. Para ellas, los adolescentes deben estar en el centro de las discusiones sobre clima y derechos, especialmente porque forman parte de los grupos más afectados.
La presencia de las jóvenes en la COP30 contribuye a acercar las decisiones internacionales a las realidades locales y refuerza la urgencia de políticas públicas que consideren los territorios y sus especificidades. Como afirmaron, no es posible construir políticas para niños y adolescentes sin su participación activa.
