Por Paulo Lima y Roberto Barbiero
Fotos: Rafa Neddermeyer/COP30 y Hermes Caruzo/COP30
Con el comienzo de la segunda semana de negociaciones climáticas de la ONU en Belém, la COP30 entra oficialmente en su fase más decisiva. Tras siete días de discusiones técnicas y trabajo intenso, el ambiente —dentro y fuera de las salas— está cada vez más cargado de tensión y expectativas. Los órganos técnicos han entregado textos, borradores y notas a los ministros, que a partir del lunes asumirán la parte más política y delicada de toda la Conferencia.
En la plenaria de cierre de la primera semana, el presidente de la COP30, André Corrêa do Lago, trazó un balance provisional de las negociaciones. El panorama es poco alentador: numerosas delegaciones, especialmente de los países más vulnerables, expresaron preocupación por la capacidad de la COP de lograr un resultado realmente acorde con la emergencia climática global.
Tres son los nudos esenciales del debate: adaptación, financiación y mitigación.
La adaptación en el centro de la semana
Sin duda, la atención de observadores y delegaciones se concentra en el tema de la adaptación, con la negociación sobre el Objetivo Global de Adaptación (GGA). El primer paso es llegar a un acuerdo sobre los indicadores que permitirán medir de manera concreta las acciones de adaptación de las Partes. Sin embargo, la adopción de indicadores es solo una parte técnica: tiene sentido únicamente si va acompañada de los Medios de Implementación (MoI), es decir, las fuentes financieras para poner en marcha estas acciones. Un punto clave para los países del Sur Global, que no disponen de los recursos necesarios.
Según Italian Climate Network (ICN), la mesa de negociación sobre adaptación se ha convertido en el eje central de toda la semana. La dinámica ha sido tan evidente que incluso en los grupos paralelos —incluido el complejo debate del Artículo 6.4— varios delegados admitieron que insistir en detalles técnicos era inútil: sería el GGA quien determinara el ritmo y el resultado de esta primera fase.
Financiación: el Camino de Bakú a Belém
En el ámbito financiero se espera desbloquear el estancamiento sobre la Hoja de Ruta Bakú–Belém, destinada a concretar el Nuevo Objetivo Colectivo Cuantificado (NCQG) adoptado en la COP29, que prevé movilizar al menos 1,3 billones de dólares al año para 2035. Recursos indispensables para políticas eficaces de mitigación y adaptación, especialmente en los países en desarrollo.
El sábado 15 de noviembre, se celebró en la Blue Zone la primera reunión del Camino de Bakú a Belém entre representantes de países desarrollados y en desarrollo, bancos de desarrollo, instituciones financieras y sociedad civil. Se discutieron las vías para implementar la tabla de ruta elaborada por las Presidencias de la COP30 y la COP29. El documento traza el rumbo para lograr 1,3 billones de dólares en financiamiento climático para países en desarrollo antes de 2035.
Corrêa do Lago expresó optimismo: “Seguiremos trabajando para que los 1,3 billones de dólares se conviertan en realidad”. También destacó que recibieron más de 200 contribuciones de gobiernos, sectores financieros, academia, sociedad civil y otros actores.
La CEO de la COP30, Ana Toni, subrayó que los recursos existen:
“Nos falta la capacidad de redirigirlos a la escala y velocidad necesarias. El propósito del Camino es claro: construir un sistema de financiamiento climático funcional, cooperativo, accesible, previsible y justo”, afirmó.

Mitigación: la hoja de ruta para el fin de los combustibles fósiles
Los países en desarrollo insisten en que esta COP produzca un resultado formal, no solo simbólico, sobre la transición lejos de los combustibles fósiles, con metas temporales, monitoreo y apoyo técnico y financiero. Esto es fundamental para reafirmar el compromiso con el objetivo de limitar el aumento de la temperatura a 1,5°C y para cerrar la enorme brecha entre ambición y realidad reflejada en las NDCs, consideradas insuficientes.
La idea de una “Hoja de Ruta” para abandonar los combustibles fósiles es una apuesta del presidente Lula, quien en su discurso en el Summit de Líderes previo a la COP30 insistió en la necesidad de un plan más concreto para “superar la dependencia de los combustibles fósiles”. Su firme posicionamiento ha impulsado una coalición de países que buscan avanzar hacia una eliminación progresiva, pese a la oposición de negacionistas climáticos como Donald Trump y de petroestados como Arabia Saudita y Rusia.
El “camino” propuesto por Lula no está oficialmente en la agenda, pero existe un movimiento diplomático para incluirlo, liderado por Marina Silva. Países como Reino Unido, Alemania, Francia, Dinamarca, Colombia y Kenia han expresado su apoyo.
Colombia, primer país amazónico en declarar su bioma libre de petróleo y de gran minería, trabaja además en una declaración oficial que será presentada en esta segunda semana.
Según Capital Reset, el transitioning away, presente en el documento final de la COP28, desapareció en la COP29, pero ha regresado inesperadamente a Belém. Lo que parecía improbable ahora es un tema central:
“Ocurrirá de una forma u otra”, afirmó el embajador climático danés Ole Thonke en el Financial Times.
Un “paquete final” en construcción
La Presidencia brasileña trabaja en un paquete final que unifique tres ejes estratégicos:
- transición justa
- financiación para la adaptación
- una referencia clara al transitioning away de los combustibles fósiles
De lograrse, sería un resultado de enorme relevancia política —y Lula apuesta por ello.
La segunda semana está por comenzar. La responsabilidad pasa ahora a los ministros del Ambiente (para Italia, el ministro Gilberto Pichetto Fratin), quienes deberán desbloquear los nudos críticos y buscar compromisos. Todo en un contexto en el que la sociedad civil ha recuperado un espacio democrático fundamental para ejercer presión sobre los gobiernos.
La protesta pacífica del pueblo indígena Munduruku, que ocupó por algunas horas la entrada de la Blue Zone, y la Marcha por el Clima, que llevó a miles a las calles, son señales claras: movimientos, comunidades y ciudadanos exigen más ambición y coherencia entre compromisos y acción real.
En una semana tendremos la respuesta.
