Por Paulo Lima
traducción por Sofia Lima
Mientras en la Cúpula dos Povos se alzan voces contra las falsas soluciones climáticas, detrás del escenario ocurre algo enorme: una cocina popular que no es solo eso, sino un acto político de resistencia.
Se trata de la Cozinha Solidária Popular, organizada por el Movimento dos Trabalhadores Sem Teto (MTST) junto a otros movimientos sociales como el Movimento Camponês Popular (MCP), la Articulação Nacional de Agroecologia (ANA) y el Movimento dos Sem Terra (MST).
¿Su objetivo? Garantizar que todas las delegaciones presentes en la Cúpula dos Povos tengan siempre un plato caliente. Y no es tarea menor: esta operación es, en sí misma, un manifiesto político en defensa de la agricultura familiar, de las tradiciones populares y de la transición agroecológica.
Una maratón logística
Las delegaciones provienen de 62 países: para todas ellas, cada día la cocina prepara 21 mil comidas, para un total de 105 mil en 5 días. Todo elaborado a partir de toneladas de alimentos producidos por la agricultura campesina.
En pocas palabras: esto no es un comedor, es un acto político.
Las cocinas del MTST son mucho más que ollas y fogones: son la demostración viva de una conexión profunda entre quienes viven en las ciudades, quienes viven en la selva y quienes cultivan la tierra.
Como explica Fábio Pacheco (ANA), todo empieza con la lucha por la tierra:
“Luchar, conquistar, cultivar… y luego viene la cocina solidaria. Todo está conectado.”
Añade además que la auténtica justicia climática surge de políticas públicas que apoyen la producción agroecológica y de un sistema alimentario construido desde abajo, no desde el mercado financiero disfrazado de verde.
Quien cocina está preparando mucho más que un plato: está transmitiendo la historia de una lucha contenida en arroz, frijoles y verduras.
Ayala Ferreira, del MST, lo resume así:
“Sin comida buena y local, ninguna movilización funciona.”
Durante la organización del evento, enseguida quedó claro que hablar de justicia climática también significa hablar de alimentación. La comida vincula problemas, soluciones, territorios y personas.
Ayala lo dice sin rodeos:
“Nadie va a una protesta o a un debate con el estómago vacío. Aquí, la comida es política.”
La Cúpula dos Povos transformó su menú en un manifiesto contra el modelo agroalimentario dominante. Los ingredientes son naturales, frescos y completamente arraigados en los territorios.
Los números de la resistencia
Durante la plenaria final del 14 de noviembre, Fernando Campos Costa (MTST) presentó los datos:
- 160 toneladas de alimentos servidos en 5 días
- 21 mil comidas diarias
- 300 personas involucradas entre personal y voluntariado
- 4 toneladas de alimentos procesadas cada día
Todo fresco, todo procedente de la agricultura familiar local, todo resultado del trabajo de movimientos sociales que creen en la soberanía alimentaria.




