Reubicación planificada para la adaptación al cambio climático

Comparte:
Las estrategias de adaptación constituyen una pieza clave de la acción climática. Entre ellas, la reubicación planificada se utiliza cada vez más para hacer frente a los riesgos de eventos climáticos extremos.

Por Camilla Ballanti
Mentor Paulo Lima
Créditos de la imagen de portada: Freepik

Enfrentar el cambio climático y sus impactos negativos en el planeta es uno de los principales retos globales de la actualidad. Según los científicos del clima, se han delineado dos estrategias fundamentales para lograr este objetivo: mitigación y adaptación. Mientras la mitigación busca limitar las causas del cambio climático reduciendo las emisiones de gases de efecto invernadero, la adaptación tiene como fin implementar procesos que permitan ajustarse a los efectos presentes y futuros del cambio climático.

Entre los ejemplos concretos de mitigación se encuentra la sustitución de los combustibles fósiles por fuentes de energía renovables y sostenibles. En el ámbito de la adaptación, se pueden mencionar intervenciones como la construcción de presas o diques a lo largo de los ríos. En situaciones particularmente críticas, cuando es necesario adoptar medidas extremas para garantizar la seguridad de las personas, edificios e infraestructuras, también se puede recurrir a la reubicación planificada.

¿Qué es la reubicación planificada?

Como explica Elisa Calliari, investigadora del Centro Euromediterráneo sobre el Cambio Climático y experta en estrategias de adaptación, la reubicación planificada consiste en trasladar comunidades que se encuentran en zonas con riesgo de sufrir eventos climáticos extremos.

Su aplicación ya está en marcha en muchas regiones del mundo, pero se utiliza sobre todo en los países del Sur Global, al ser los más vulnerables a los desastres climáticos. Sin embargo, esta medida está destinada a volverse mucho más común a medida que aumente la intensidad y frecuencia de los peligros derivados del cambio climático, que provocarán la reducción y el deterioro de recursos esenciales y medios de vida, haciendo muchas áreas inhabitables.

La reubicación planificada puede aplicarse tanto en contextos de prevención como tras una catástrofe, con el fin de reducir la exposición a riesgos naturales cuando no es posible implementar medidas estructurales o sus costos resultan demasiado altos. Esta técnica suele adoptarse en zonas costeras, vulnerables al aumento del nivel del mar y a las tormentas marinas, así como en zonas interiores para hacer frente a otros riesgos como inundaciones fluviales y deslizamientos de tierra, que pueden agravarse en un escenario de cambio climático.

Existen ejemplos de medidas de retirada y traslado en toda Europa. En el suroeste de Francia, por ejemplo, una carretera costera en los municipios de Sète y Marseillan fue trasladada tierra adentro al estar amenazada por la erosión de la playa. Gracias al traslado de la carretera y a la restauración de las dunas, se reforzaron las infraestructuras y la seguridad de la población. Esto permitió mantener las principales actividades económicas de la costa y mejorar el valor estético del paisaje y de los hábitats naturales, con efectos positivos sobre el turismo y las actividades recreativas.

Dificultades y costos de implementación

La aplicación de una medida de este tipo presenta varios desafíos que no siempre hacen que su implementación sea fácil o lineal. A nivel procedimental, la reubicación planificada debe adaptarse al contexto local específico y cumplir con las normativas y planes nacionales y subnacionales. Esto requiere coordinación con los niveles superiores de gobernanza e integración en la planificación territorial.

Además, el uso de esta técnica suele ser controvertido debido a las dificultades sociales y psicológicas que conlleva el desplazamiento de las personas de sus hogares. Aspectos sociales y emocionales como el apego al lugar, la percepción del destino potencial y las perspectivas económicas son factores determinantes en la actitud de las comunidades hacia esta medida. Los costos intangibles, incluida la pérdida del patrimonio cultural, pueden ser especialmente elevados. Por otro lado, si el lugar de destino preserva características valiosas, la reubicación puede resultar más aceptable.

Un caso de éxito en Italia

En Piamonte, la reubicación planificada se está consolidando como una estrategia innovadora de adaptación al cambio climático, gracias a una iniciativa iniciada por la Región en 2003. El proyecto permite a los propietarios de viviendas en zonas de riesgo hidrogeológico trasladarse a áreas más seguras mediante un programa de compra voluntaria financiado con fondos públicos.

Este enfoque —estudiado también en el marco del proyecto europeo ITHACA, en el que participó la investigadora Elisa Calliari— busca comprender la escalabilidad de estas medidas y su potencial de difusión. El cambio climático en Piamonte, especialmente en las zonas de montaña, está intensificando fenómenos extremos como inundaciones, deslizamientos de tierra y sequías, lo que hace cada vez más urgente la adopción de estrategias preventivas.

Demolición de un edificio en riesgo en el municipio de Lombriasco (provincia de Turín)
Créditos: Climate-Adapt

El éxito de la política regional está ligado al compromiso institucional, la disponibilidad de fondos y la participación activa de las comunidades locales, aunque persisten desafíos como la escasa concienciación ciudadana y la dificultad de alcanzar el consenso unánime entre los residentes de condominios.

No obstante, los beneficios económicos a largo plazo —incluida la reducción de los costos de gestión del riesgo y el menor impacto sobre la protección civil— confirman la eficacia de esta medida para transformar el riesgo en oportunidades de resiliencia territorial.

Proyecto de rehabilitación del área abandonada en el municipio de Lombriasco (TO)
Créditos: Climate-Adapt

El futuro de la acción climática

La técnica de la reubicación planificada ofrece un ejemplo de cómo hacer frente a los efectos de la crisis climática en curso. Sin embargo, junto a la adaptación es necesario también el compromiso y la coordinación internacional en la elaboración de instrumentos de mitigación.

Aunque diferentes en la práctica, la mitigación y la adaptación son procesos interdependientes: las acciones de adaptación de las próximas décadas dependerán en gran medida de las medidas de mitigación que se adopten hoy.

Comparte:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

plugins premium WordPress