Por Margo Blaha
Mentor: Paulo Lima
Foto de John Englart, vía Wikimedia Commons
Cartel de la huelga global por el clima en Melbourne el 20 de septiembre de 2019, que reunió a más de 100.000 personas en Treasury Gardens y en una marcha de 1,2 km por las calles de la ciudad. Fue la mayor protesta climática celebrada en Australia, comparable en tamaño con las manifestaciones contra la guerra de 2003 y la Moratoria sobre Vietnam de 1970.
Cuando se habla de cambio climático, el debate público se centra casi siempre en los fenómenos extremos: campos arrasados por la sequía, inundaciones repentinas, huracanes devastadores. Pero hay otra parte de la historia, menos contada aunque igualmente destructiva: la que erosiona gradualmente la seguridad y estabilidad de comunidades enteras hasta obligarlas a migrar.
La hipótesis de que el cambio climático podría tener un impacto directo en los flujos migratorios fue planteada por primera vez por el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC). Ya en 1990, anticipaba que millones de personas podrían verse obligadas a desplazarse por inundaciones costeras, erosión de litorales y reducción de la productividad agrícola. En las últimas décadas, numerosos estudios han confirmado que el cambio climático es un factor importante que impulsa la movilidad¹⁻⁷. Migrar para escapar de presiones ambientales es, de hecho, una estrategia antigua⁸⁻¹⁰, común no solo al ser humano¹¹, sino también a otras especies como los cetáceos¹². Hipócrates y Aristóteles ya sostenían que el entorno natural determina la habitabilidad de un lugar y, a su vez, moldea el carácter de las poblaciones que lo habitan¹³.
Según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), decenas de millones de personas se ven obligadas cada año a desplazarse por factores relacionados con el clima. Pero, a diferencia de quienes huyen de guerras o persecuciones, estas personas no son reconocidas como “refugiados” por la Convención de Ginebra de 1951. El término “refugiado climático” no existe en el derecho internacional, dejando a millones de individuos en un limbo jurídico sin protección. Quienes parten suelen encontrarse en un vacío: invisibles, sin derechos, ni aquí ni allá.
El cambio climático como amplificador de vulnerabilidad
El cambio climático rara vez actúa de manera aislada. Como subrayan numerosas fuentes¹⁴⁻¹⁵, entre ellas ACNUR¹⁶, los factores ambientales se entrelazan con elementos económicos, políticos y sociales. Una cosecha perdida por sequía prolongada implica pérdida de ingresos, inseguridad alimentaria y conflictos por el agua. En contextos ya frágiles, un huracán o una mala temporada agrícola pueden ser la gota que colma el vaso.
Como escribe Sarah Gibbens en National Geographic¹⁷, muchos desastres son “diseñados”, fruto de la construcción de viviendas vulnerables en zonas de alto riesgo, sin sistemas efectivos de gestión de emergencias. La interacción entre fenómenos extremos y fragilidades socio-políticas amplifica los impactos, generando inestabilidad y sufrimiento. En tales circunstancias, la migración suele convertirse en la única opción, impulsada por la búsqueda de estabilidad, educación y mejores servicios.
La vulnerabilidad diferencial de las poblaciones, ligada a su ubicación geográfica y a sus condiciones socioeconómicas, determina la gravedad de las consecuencias. En muchas regiones, sobre todo en países en desarrollo, el cambio climático amenaza con agravar fragilidades preexistentes¹⁵, aumentando significativamente el número de desplazados¹⁸.

Migrar requiere recursos, contactos y movilidad: las personas más vulnerables no siempre son las que pueden desplazarse con más facilidad. La migración casi nunca es la primera respuesta a una crisis climática, sino que surge cuando se agotan todas las alternativas locales y cuando las comunidades y gobiernos no logran ofrecer protección.
Pero ¿qué significa realmente “no poder permitirse quedarse”? Quienes nunca lo han vivido a menudo no lo comprenden. “¿Por qué no te vas?” puede parecer una pregunta lógica, pero encierra privilegio. Imagina abandonar las calles donde creciste, el cementerio donde descansan tus seres queridos, los olores y sonidos que te acompañaron toda la vida. Imagina ver desaparecer, día tras día, el lugar donde esperabas envejecer, la comunidad con la que te identificabas. Lo que pierdes no es solo un espacio físico, sino una parte de ti mismo. A menudo nos contamos que marcharse puede ser un alivio, una oportunidad para una nueva vida, y a veces lo es. Pero esa es solo una pequeña parte de la historia. La otra es la herida abierta de quienes pierden sus raíces, de quienes saben que ningún otro lugar les devolverá el mismo sentido de pertenencia¹⁹.
El testimonio de Bahadur Khan
Para Bahadur Khan, refugiado afgano de 60 años que vive en la provincia de Khyber Pakhtunkhwa, Pakistán, esta condición ha sido constante. “Aquella noche fue inolvidable: nuestra casa quedó inundada en pocos minutos. No teníamos otra opción que marcharnos de inmediato”, recuerda sobre las devastadoras inundaciones de 2022. Bahadur y su familia habían soportado las lluvias monzónicas desde junio, pero nada los había preparado para la violenta crecida del río Kabul meses después. En apenas diez minutos, tuvo que agarrar lo poco que pudo y huir¹⁶.

Era la tercera vez que lo desarraigaban: la primera durante la guerra civil afgana a principios de los noventa; la segunda en 2010, cuando las inundaciones destruyeron su hogar. Ahora, una vez más, se encontraba sin un lugar seguro al cual ir. Su historia, relatada por ACNUR en el informe No Escape: On the Frontlines of Climate Change, Conflict and Forced Displacement (2024), es una de tantas que muestran cómo el conflicto y la crisis climática pueden entrelazarse, multiplicando vulnerabilidades y reduciendo cada vez más el espacio para reconstruir una vida digna.
Reducir las desigualdades para devolver el derecho a elegir
En los últimos años, el vínculo entre cambio climático y migraciones ha sido reconocido oficialmente en documentos e iniciativas internacionales como la Agenda para la Humanidad, la Cumbre de la ONU sobre Refugiados y Migrantes de 2016, el Pacto Mundial para la Migración y el Pacto Mundial sobre Refugiados. Además, el objetivo 10.7 de la Agenda 2030 de las Naciones Unidas apunta a “facilitar una migración ordenada, segura y responsable mediante la implementación de políticas migratorias bien gestionadas”. El objetivo 13.2, por su parte, busca “integrar medidas sobre el cambio climático en las políticas, estrategias y planes nacionales”²⁰. Sin embargo, los sistemas de protección internacional todavía no reconocen plenamente a las personas desplazadas por motivos climáticos.
Sabemos que los efectos del cambio climático no se distribuirán de manera uniforme: la vulnerabilidad a los impactos naturales es el resultado de fuerzas socioeconómicas que moldean cada sociedad. Pero esta conciencia también ofrece una oportunidad: aumentar la capacidad de las personas para resistir a los choques climáticos significa abrir espacios de intervención a nivel local e internacional. Los seres humanos no estamos totalmente a merced de la naturaleza, sino también de las decisiones gubernamentales. Por ello existe margen para generar conocimiento, diseñar medidas y reforzar la protección de las comunidades.
Con una asignación adecuada de recursos financieros, las consecuencias del cambio climático pueden mitigarse al menos en parte. El cambio climático es un amplificador de algunos de los desafíos más urgentes de nuestro tiempo. No actúa por sí solo, sino que se entrelaza con las desigualdades internas e internacionales, las cuestiones de justicia global, la falta de solidaridad entre Estados, los derechos humanos y la seguridad de las personas. Por ello, las políticas sobre el nexo clima–migración deben ir más allá de la gestión de los efectos inmediatos y abordar las raíces de la vulnerabilidad.
Reducir las desigualdades no solo ayuda a contener los impactos negativos del cambio climático, sino que también puede contribuir, mediante un efecto de retroalimentación, a mitigar sus causas¹⁵. Invertir en la reducción de estas desigualdades, en el acceso equitativo a los recursos y en políticas de adaptación basadas en las realidades locales significa no solo reducir la necesidad de desplazarse, sino también devolver a las personas la libertad de elegir si partir o quedarse. En un mundo que cambia, la verdadera medida del progreso será la capacidad de garantizar que el hogar siga siendo un derecho, no un privilegio.
FUENTES:
¹ Myers, N. (1993). Environmental refugees in a globally warmed world. Bioscience, 43(11), 752-761.
² Bates, D. C. (2002). Environmental refugees? Classifying human migrations caused by environmental change. Population and Environment, 23(5), 465-477.
³ Marchiori, L., & Schumacher, I. (2011). When nature rebels: international migration, climate change, and inequality. Journal of Population Economics, 24(2), 569-600.
⁴ Piguet, E., Pécoud, A., & De Guchteneire, P. (2011). Migration and climate change: An overview. Refugee Survey Quarterly, 30(3), 1-23.
⁵ Mayer, B. (2014). “Environmental migration” as advocacy: is it going to work?Refuge, 29, 27.
⁶ Jha, C. K., Gupta, V., Chattopadhyay, U., & Sreeraman, B. A. (2017). Migration as adaptation strategy to cope with climate change: A study of farmers’ migration in rural India. International Journal of Climate Change Strategies and Management.
⁷ Wesselbaum, D., & Aburn, A. (2019). Gone with the wind: International migration. Global and Planetary Change, 178, 96-109.
⁸ Bokovenko, N. A. (2004). Migrations of early nomads of the Eurasian steppe in a context of climatic changes. In Impact of the environment on human migration in Eurasia (pp. 21-33). Springer, Dordrecht.
⁹ Pei, Q., & Zhang, D. D. (2014). Long-term relationship between climate change and nomadic migration in historical China. Ecology and Society, 19(2).
¹⁰ Marx, W., Haunschild, R., & Bornmann, L. (2018). Climate and the decline and fall of the Western Roman Empire: a bibliometric view on an interdisciplinary approach to answer a most classic historical question. Climate, 6(4), 90.
¹¹ McLeman, R. A. (2014). Climate and human migration: Past experiences, future challenges.
¹² van Weelden, C., Towers, J. R., & Bosker, T. (2021). Impacts of climate change on cetacean distribution, habitat and migration. Climate Change Ecology, 1, 100009.
¹³ Livingstone, D. N. (2000). Environmental determinism. In R. J. Johnston, D. Gregory, G. Pratt, & M. Watts (eds.), The Dictionary of Human Geography, 4th ed. Blackwell, Oxford.
¹⁴ Laczko, F., & Aghazarm, C. (2009). Introduction and overview: enhancing the knowledge base. In Laczko, F., & Aghazarm, C. (eds.), Migration, environment and climate change: assessing the evidence (pp. 7–40). International Organization for Migration, Le Grand-Saconnex.
¹⁵ Islam, N., & Winkel, J. (2017). Climate change and social inequality.
¹⁶ Aloui, R., Anzellini, V., Basel, A., Birner, J., Brown, O., Craparo, A., De Coning, C., Fortin, M., Haji-Naif, R., Hernan, X. F., & Kobusinge, R. (2024). No escape: On the frontlines of climate change, conflict and forced displacement. UNHCR. Available at: https://www.unhcr.org/media/no-escape-frontlines-climate-change-conflict-and-forced-displacement
¹⁷ Gibbens, S. (2021). Deadly heat waves, floods, drought will get worse if warming continues. National Geographic. Available at: https://www.nationalgeographic.com/environment/article/deadly-heat-waves-floods-drought-will-get-worse-if-warming-continues
¹⁸ Milán-García, J., Caparrós-Martínez, J. L., Rueda-López, N., & de Pablo Valenciano, J. (2021). Climate change-induced migration: a bibliometric review. Globalization and Health, 17(1), 1-10.
¹⁹ Bhugra, D., & Becker, M. A. (2005). Migration, cultural bereavement and cultural identity. World Psychiatry, 4(1), 18.
²⁰ United Nations (2015). Transforming our world: the 2030 Agenda for Sustainable Development.
