Por Eleonora Zomer
Mentor: Paulo Lima
Crédito foto: Unsplash/Anya Akbari
Este artículo forma parte de una serie que explora el vínculo entre la crisis climática y su impacto en la salud mental de las personas. El objetivo es comprender cómo el cambio climático incide en la salud mental y qué acciones y estrategias pueden adoptarse para abordar este problema. Los próximos artículos ofrecerán ejemplos concretos y experiencias de personas que tratan esta temática diariamente, tanto a nivel internacional como local.
El riesgo climático y su impacto en la salud mental
El cambio climático produce efectos significativos no solo en la salud física, sino también en la salud mental, en particular entre los jóvenes y quienes ya presentan vulnerabilidades psicológicas. En la Evaluación Europea de Riesgo Climático de 2024, la Agencia Europea de Medio Ambiente (EEA) afirma que el cambio climático compromete tanto la salud individual como el sistema sanitario en general, poniendo en peligro la salud mental y psicológica de las personas. Las olas de calor, las sequías, las inundaciones, los incendios y otros eventos extremos tienen impactos directos en la salud mental.
La Organización Mundial de la Salud (OMS), en un informe de 2022, también demostró cómo la crisis climática impacta la salud mental, generando malestar emocional, el desarrollo de nuevas afecciones mentales y el agravamiento de las preexistentes. Además, el informe de la OMS señala que la vulnerabilidad de las personas al riesgo climático sobre su salud mental varía según el contexto, y comprender cómo actuar requiere una evaluación caso por caso. Entre los grupos más vulnerables citados tanto por la EEA como por la OMS se encuentran los ancianos, los pueblos indígenas, los niños y adolescentes, los grupos socialmente más desfavorecidos y las mujeres.
Tristeza, miedo y desesperación: los efectos emocionales de la crisis climática
Entre las principales emociones que experimentan las personas afectadas por el agravamiento de la crisis climática destacan la tristeza, el miedo, la desesperación, la impotencia y el dolor. Especialmente entre los jóvenes han surgido varios términos para describir estas emociones vinculadas al clima, como ecoansiedad, solastalgia, dolor ecológico, angustia ambiental y malestar psicológico relacionado con el clima.
Otros impactos sobre la salud mental incluyen el aumento del estrés, que puede causar tanto problemas de salud física como tensiones en las relaciones sociales, así como un mayor riesgo de conductas suicidas.
Un estudio de 2022 realizado en Italia muestra los efectos de un evento climático extremo en las personas, entre ellos un aumento de la mortalidad de quienes tenían condiciones mentales inestables, suicidios e intentos de suicidio, y síntomas como estrés postraumático, depresión, ansiedad y preocupación por posibles futuros eventos extremos. Algunos análisis reportan que hay un aumento del 1% en el número de suicidios por cada aumento de 1°C en la temperatura, una vez superado un umbral que es único para cada área. Al mismo tiempo, la investigación científica muestra que las personas con enfermedades mentales preexistentes —en particular psicosis, demencia y abuso de sustancias— tienen un riesgo de muerte dos o tres veces mayor durante una ola de calor en comparación con personas sin esas condiciones.
Además, en algunas zonas afectadas por fuertes inundaciones, siete años después del evento extremo, casi el 12% de la población local aún reporta sufrir de estrés postraumático. Este dato demuestra que los efectos del cambio climático en la salud mental y el bienestar psicosocial permanecen en la memoria de las personas incluso años después, generando nuevas emociones de preocupación y estrés por posibles eventos extremos en comunidades ya golpeadas.
Las emociones en el centro de la crisis climática
Crédito: Freepik
¿Qué acciones deben emprenderse?
Todos los niveles de gobernanza, desde el internacional hasta el local, están implicados en adoptar medidas concretas y eficaces para enfrentar este doble desafío: proteger al Planeta de la crisis climática y salvaguardar la salud mental de sus habitantes. Las acciones incluyen:
- Integrar el cambio climático en los programas y políticas de salud mental y, a la inversa, garantizar que la protección de la salud mental se incluya en las estrategias contra la crisis climática.
- Adoptar un enfoque multidisciplinar y comunitario para reducir vulnerabilidades. Poner a las comunidades en el centro permite reconocer a las personas como partes activas del proceso de protección de su salud mental frente a la crisis climática, desarrollando una mayor resiliencia individual y local.
- Ampliar el acceso a los servicios de salud mental, dada la carencia general de fondos y la falta de personal formado en la materia. Para ello, es necesario reforzar la accesibilidad y aceptabilidad de los servicios mediante la implicación de figuras no especializadas, como docentes, líderes espirituales y agentes de salud comunitarios.
- Incrementar la representación y participación de los grupos vulnerables y en mayor riesgo en los procesos de toma de decisiones y en el desarrollo de estrategias para la protección de la salud mental.
Proteger al Planeta de la crisis climática mientras se salvaguarda la salud mental de sus habitantes es un desafío complejo que requiere la implicación de todos los actores en todos los niveles de gobernanza. Las olas de calor y otros eventos climáticos extremos son cada vez más frecuentes, con impactos directos en la salud mental. Integrar las cuestiones ambientales en las políticas de salud mental debe convertirse en una prioridad, situando a las personas y sus emociones en el centro.
