Por Annika Zamboni
Mentor: Paulo Lima
Foto de UNFCCC
El 26 de junio de 2025 concluyó en Bonn la sexagésima segunda sesión de los órganos subsidiarios de la CMNUCC, conocida como SB62. Se trata de uno de esos momentos del proceso de negociación climática que no suele aparecer fácilmente en los periódicos, pero que es fundamental para sentar las bases de las grandes cumbres anuales: en este caso, la COP30 de Belém, en Brasil, prevista para noviembre.
A pesar de la importancia del momento, los avances fueron limitados. Persisten divisiones en muchos frentes: desde la financiación hasta la adaptación, desde la transparencia hasta el seguimiento de los compromisos. Y sin embargo, es precisamente en estos espacios aparentemente técnicos donde se construyen los cimientos de un futuro climático más justo.
Quien nos lo cuenta es Luciano Frontelle, joven activista brasileño y enlace de la COY20, la Conferencia Juvenil oficial que se celebrará en Belém antes de la COP30. En Bonn, Luciano apoyó el seguimiento de las negociaciones sobre el terreno y tendió puentes entre las voces juveniles y los responsables políticos, colaborando con el equipo político de YOUNGO y otros actores de la sociedad civil. Su voz nos acompaña entre plenarias, borradores en discusión, reuniones informales y presiones políticas, ofreciendo una mirada valiosa sobre lo que realmente ocurre “entre bastidores” de la diplomacia climática.
La diplomacia climática en Bonn
En Bonn se reúnen los llamados órganos subsidiarios de la CMNUCC: el SBSTA, que trabaja en ciencia y tecnología, y el SBI, dedicado a la implementación y el apoyo. Son los dos brazos técnicos de la diplomacia climática, encargados de traducir en instrumentos operativos las promesas políticas de las cumbres anuales.
Los temas sobre la mesa son complejos y numerosos: desde el Global Stocktake hasta la financiación climática, desde la adaptación hasta la protección de los derechos humanos, pasando por indicadores, metodologías y un lenguaje técnico que a menudo marca la diferencia entre un acuerdo eficaz y uno vacío.
Luciano nos cuenta que, entre los numerosos debates en los pasillos de Bonn, dos fueron particularmente centrales: el de la adaptación y el del Global Stocktake.
Adaptación y justicia climática: pequeños pasos, grandes contradicciones
Uno de los temas más debatidos en Bonn fue la adaptación. El Global Goal on Adaptation (GGA), previsto por el Acuerdo de París, debería guiar los esfuerzos globales para reforzar la resiliencia y proteger a las comunidades más vulnerables de los impactos de la crisis climática. Pero hasta ahora, este objetivo carecía de indicadores claros para medir sus progresos.
En Bonn se inició un proceso para colmar esta laguna: comenzó a definirse una lista concreta de indicadores. De más de 9.000 propuestas presentadas por países, expertos y partes interesadas, se seleccionaron 490 indicadores candidatos, que deberán reducirse a 100 antes de agosto, con el objetivo de hacerlos operativos en la COP30 de Belém.
“Hemos trabajado duro para incluir indicadores que tengan en cuenta a las personas, no solo a los ecosistemas”, explica Luciano. “Hablamos de la inclusión de jóvenes, mujeres, pueblos indígenas, comunidades afrodescendientes. Queremos que la adaptación se mida también en términos de justicia e inclusión, no solo con datos ambientales o climáticos.”
Sin embargo, pese a este esfuerzo, el borrador final excluyó las referencias explícitas a las comunidades afrodescendientes. Una omisión aparentemente técnica, pero de enorme peso político y simbólico.
“Duele ver desaparecer a ciertos colectivos del texto”, continúa Luciano. “Es como decir que su vulnerabilidad no importa. Y, sin embargo, suelen ser quienes sufren los peores impactos.”
El caso del GGA se convierte así en emblemático: incluso en un proceso técnico, existe el riesgo de borrar especificidades y desigualdades, aplanando las diferencias e ignorando las subjetividades que hacen de la adaptación una cuestión profundamente social y política.
La adaptación se confirma, por tanto, como un espejo de la justicia climática: si se aborda únicamente con herramientas técnicas y un lenguaje neutro, corre el riesgo de excluir precisamente a quienes deberían estar más protegidos.

Global Stocktake: ¿monitorear o financiar? Dos visiones enfrentadas
El otro gran eje de la SB62 fue el Global Stocktake (GST), el mecanismo central del Acuerdo de París para monitorear los progresos en la lucha contra el cambio climático. Pero también aquí las posiciones están muy alejadas.
“Por un lado están los países y actores que quieren reforzar el monitoreo, con herramientas para controlar quién está cumpliendo los compromisos, como los países del G7 y China”, relata Luciano. “Por otro lado están los países del Sur Global y Arabia Saudita, que piden ante todo recursos, formación, medios para poder hacer realmente la transición.”
Se redactaron dos borradores de texto, pero ninguno fue adoptado oficialmente. Ambos serán transmitidos a Belém como “informal notes”, dejando en manos de la presidencia brasileña la decisión de qué versión retomar en las negociaciones.
“No se trata de elegir entre responsabilidad y solidaridad. Necesitamos ambas. Pero hoy los gobiernos no logran ponerse de acuerdo sobre cuál debe ir primero”, observa Luciano. “Y esto bloquea el proceso.”
Después de Bakú, cada avance es una conquista
La COP29 de Bakú estuvo marcada por un sentimiento general de frustración y parálisis. En Bonn, el clima fue más abierto, pero aún marcado por lentitud, ausencias (notoriamente, la de Estados Unidos) y profundas divergencias.
“Después de Bakú parecía que todo estaba bloqueado. En Bonn, al menos, volvimos a hablar”, recuerda Luciano. “Brasil dio señales positivas, pero hace falta mucho más para construir confianza y verdadera colaboración.”
El ritmo de las negociaciones también fue lento. Demasiados textos que redactar, demasiados corchetes que cerrar, demasiados “quizás” que transformar en decisiones operativas. Y aun así, cada pequeño paso es una pieza más hacia un acuerdo más justo y ambicioso en Belém.
Las voces de la juventud y la sociedad civil: dentro, no en los márgenes
Luciano vivió la SB62 no solo como observador, sino como facilitador de la participación: a través de la COY20 apoyó la presencia de jóvenes y niños en los procesos de negociación de cara a la COP30, supervisando los textos y creando conexiones.
“No estamos allí para hacer bulto. Trabajamos en propuestas, seguimos las plenarias y exigimos que nuestras contribuciones se incluyan en los textos reales, no solo en los eventos paralelos”, afirma el activista con convicción.
La participación de la sociedad civil en Bonn fue menos visible que en las COP, pero en absoluto marginal. Incluso en contextos menos públicos, la presión política siguió viva.
“La industria fósil no fue tan visible como en Dubái, pero estaba allí. Silenciosa, estratégica. Escribiendo textos, orientando delegaciones. Nosotros debemos estar presentes también por esto: para comprender y responder”, concluye Luciano.
Brasil en el centro del proceso
La elección de Belém, en el corazón de la Amazonía, como sede de la COP30, no es solo simbólica: es profundamente política. La selva tropical más grande del planeta será el escenario de la próxima cumbre climática. Y Brasil, que ya en 1992 había acogido la Cumbre de la Tierra en Río de Janeiro (de la que nació la CMNUCC), se encuentra ahora con una responsabilidad histórica y estratégica.
“Brasil tiene una larga historia en la negociación climática”, recuerda Luciano. “Desde la creación del Fondo Amazonía hasta el liderazgo en las tratativas multilaterales, siempre hemos tenido un papel activo. La diplomacia brasileña tiene una sólida tradición en la construcción de diálogos y en fomentar el consenso.”
En Bonn, la delegación brasileña empezó a preparar el terreno para Belém: convocó reuniones informales, medió entre posiciones distantes y trató de recomponer relaciones en un contexto global aún marcado por el fracaso de Bakú.
Rumbo a Belém: la COP30 puede (y debe) marcar la diferencia
Faltan pocos meses para la COP30 y el camino sigue siendo largo. Los textos aún están en elaboración, las divisiones son profundas y la confianza mutua es frágil. Precisamente por eso, los meses posteriores a la SB62 serán cruciales.
“Las verdaderas decisiones empiezan en los pasillos, en los borradores, en documentos que nadie lee. Si perdemos el trabajo hecho en Bonn, corremos el riesgo de perder también la oportunidad de Belém”, advierte Luciano.
La COP30 puede representar un punto de inflexión: relanzar la ambición climática, recomponer las fracturas entre Norte y Sur, y devolver a las personas y a los territorios al centro de la respuesta global. Pero hará falta una alianza amplia, valiente y bien organizada. De los gobiernos a la sociedad civil, de los jóvenes a los líderes, de Belém al mundo.
Porque de verdad, ya no hay tiempo que perder.
