Por Paulo Lima
traducido por Sofia Lima
El planeta se está calentando… y no es solo el hielo lo que se derrite: nuestros cerebros también lo sienten. Así lo cuenta un reportaje de Theres Lüthi para la British Broadcasting Corporation (BBC), en el que interviene Sanjay Sisodiya, neurólogo del University College London y uno de los primeros en estudiar los efectos de la crisis climática sobre el cerebro humano.
Sisodiya, que trabaja principalmente con la epilepsia, dice escuchar a menudo historias de pacientes cuyas crisis empeoran durante las olas de calor. ¿Y su reacción? “Por supuesto, ¿por qué no debería el cambio climático afectar al cerebro? Está lleno de procesos relacionados con la regulación del calor”, declaró a la BBC.
Al profundizar en la investigación, encontró un panorama preocupante: el calor y la humedad aumentan los riesgos y síntomas de la epilepsia, los ictus, la encefalitis, la esclerosis múltiple, las migrañas… en definitiva, toda una lista de trastornos neurológicos. Y no se trata del futuro: la BBC informa que, durante la ola de calor europea de 2023, el 7% del exceso de muertes estuvo relacionado con problemas neurológicos. Pero el calor también puede modificar el funcionamiento cerebral, volviéndonos más violentos, irritables y depresivos.
Por qué el calor es un problema para el cerebro
El cerebro, recuerda la BBC, solo funciona bien dentro de un rango muy estrecho de temperatura: no más de 1 °C por encima de la temperatura corporal media. Pero es un órgano con un consumo altísimo de energía, por lo que produce calor por sí mismo mientras pensamos, recordamos y reaccionamos. Por eso, el cuerpo debe trabajar intensamente para mantenerlo fresco, especialmente cuando el ambiente exterior es abrasador.
Cuando la temperatura sube demasiado, las células cerebrales comienzan a “fallar” y las conexiones dejan de funcionar correctamente. Además, para quienes tienen trastornos neurológicos, el riesgo es mayor: algunas enfermedades reducen la capacidad de sudar, otras alteran la temperatura corporal central, y ciertos medicamentos pueden hacer imposible regular el calor.
¿El resultado? Calor + noches tropicales = mal sueño, bajo estado de ánimo y, en algunos casos, más crisis epilépticas. La BBC señala también que las personas con demencia corren un riesgo mayor, tanto por la edad como por la dificultad para recordar hidratarse o evitar el sol en las horas más críticas.
La BBC destaca asimismo el impacto en los más jóvenes: las olas de calor están asociadas a un 26% más de partos prematuros. Y el parto prematuro puede ralentizar el desarrollo neurológico.
No solo eso: el calor puede volver más “permeable” la barrera hematoencefálica —la protección natural del cerebro— frente a toxinas y virus. Y con temperaturas más altas, aumentan también los mosquitos que transmiten enfermedades como el Zika, el chikungunya y el dengue, algunas de las cuales afectan directamente al sistema nervioso.

Cerebro sobrecalentado
Aún no sabemos si es más peligroso el pico de temperatura, la duración de la ola de calor o el calor nocturno. Pero comprender quiénes están más en riesgo es fundamental para actuar a tiempo: desde la creación de sistemas de alerta temprana hasta medidas de apoyo para quienes no pueden trabajar en los días más calurosos.
Como declaró António Guterres, secretario general de la ONU, cuando julio de 2023 fue el mes más caluroso jamás registrado: “La era del calentamiento global ha terminado; ha llegado la era de la ebullición global”. Y, concluye la BBC, la era del cerebro sobrecalentado acaba de comenzar.
