de Camilla Ballanti
Mentor Paulo Lima
traductora Sofia Lima
–
La nueva presidencia de Donald Trump plantea importantes interrogantes sobre cómo evolucionará la acción climática, que se ha vuelto crucial a nivel internacional. Gracias a la doctora Eleonora Cogo, experta en financiamiento climático, investigamos el impacto de Estados Unidos en las negociaciones sobre el clima.
La experta
La doctora Eleonora Cogo, experta en financiamiento climático en el think tank ECCO, fue gerente científica senior en la Fundación Centro Euro-Mediterráneo sobre el Cambio Climático (Cmcc). Como miembro de la delegación italiana, también participó en las negociaciones de la ONU sobre cambio climático como negociadora de la Unión Europea. Además, fue copresidenta del Grupo Europeo de Expertos sobre Adaptación y miembro de la junta del Fondo de Adaptación.

Eleonora Cogo durante la entrevista, la doctora explicó cómo los países dentro de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) ya han experimentado la falta de participación de Estados Unidos y cómo las mayores preocupaciones sobre un segundo mandato de Trump y su desinterés por las políticas climáticas están relacionadas con los efectos que esto podría provocar en otros actores del panorama internacional.La actitud de los europeos y el desarrollo de un nuevo modelo de colaboración con China para la acción climática es uno de los desafíos más relevantes que observaremos en futuras negociaciones multilaterales.
Donald Trump ha declarado que quiere retirar nuevamente a Estados Unidos del Acuerdo de París: ¿cuáles serían las implicaciones para las futuras negociaciones multilaterales? ¿Podrían surgir consecuencias más graves para las políticas climáticas en comparación con su mandato anterior?
No es la primera vez que se experimenta una situación similar. Los países están más preparados y habían previsto esta posibilidad. Dentro de la CMNUCC, los Estados están acostumbrados a trabajar sin la participación de Estados Unidos. De hecho, en el caso del Protocolo de Kioto, Estados Unidos nunca ratificó el acuerdo. Además, tras la primera “salida” del Acuerdo de París, la respuesta de varios actores subnacionales (como ciudades, estados individuales y coaliciones) fue fundamental: estos actores se esforzaron por seguir persiguiendo los objetivos de París, a pesar de la falta de compromiso federal.

La primera vez que EE.UU. se retiró de los compromisos de París, los tiempos técnicos necesarios para hacer efectiva la salida hicieron que solo estuviera fuera del acuerdo por unos pocos meses. Esta vez, sin embargo, será diferente: la salida será más rápida, probablemente en el plazo de un año. En este sentido, una distinción importante a considerar es si EE.UU. solo se retirará del Acuerdo de París o también de la Convención Marco. Salir de la Convención tendría implicaciones más graves, ya que en el futuro reincorporarse a la CMNUCC sería casi imposible (requeriría un voto de dos tercios en el Congreso, algo difícil de alcanzar).
En cuanto a otros países, la principal preocupación era la posición que adoptaría China en este contexto. Dado que la política de Trump prevé el cese del compromiso de EE.UU. con la acción climática, China podría haber asumido una actitud similar, sin sentir la obligación de cumplir con sus compromisos. Sin embargo, en la COP29, China enfatizó su importante papel en la ayuda a los países en desarrollo, lo que representa una novedad, ya que anteriormente no se había posicionado como país donante.

Estas acciones muestran que China busca aumentar su influencia, también en el financiamiento climático.
Para los objetivos de financiación de la lucha contra el cambio climático, ¿qué importancia tiene el compromiso de Estados Unidos?
Históricamente, EE.UU. no ha sido el país que más ha contribuido en términos de financiamiento climático, especialmente en comparación con Japón o la Unión Europea. Sin embargo, en un contexto de recortes en la ayuda para el desarrollo y la reorientación de fondos hacia otras prioridades, su impacto en el financiamiento climático no será positivo.
La diferencia del nuevo objetivo de financiación de la lucha contra el cambio climático con respecto al de 100.000 millones es que ahora es posible considerar las contribuciones de todos los países que deseen participar. Estas contribuciones también se realizan a través de los bancos multilaterales de desarrollo. Si nos fijamos en el porcentaje de las contribuciones, la mayor parte procede de la cooperación bilateral y de los pagos que los países hacen a los bancos multilaterales de desarrollo. A partir de estas contribuciones, se calcula la parte destinada a la financiación de la lucha contra el cambio climático.
Es probable que falte financiación bilateral por parte de Estados Unidos. En teoría, el texto del acuerdo alcanzado en la última COP permitirá que continúen las contribuciones a los bancos multilaterales. Por consiguiente, Estados Unidos no debería desaparecer completamente del rompecabezas. Por otra parte, durante la administración Biden habían aumentado el componente bilateral, que presumiblemente faltará durante la nueva presidencia de Trump.
¿Hasta qué punto la influencia de la industria privada y la sociedad civil puede influir positivamente en la actuación de los gobiernos?
El papel de los particulares es muy distinto del de la sociedad civil, por lo que es importante hacer una distinción.
La sociedad civil tiene un papel muy activo: propone políticas, recomendaciones, y dentro de las negociaciones tiene espacios bien definidos donde hacer oír su voz. Por ejemplo, durante los debates plenarios se dedica un espacio a las intervenciones de diversos representantes de la sociedad civil.

Los particulares, por su parte, están presentes a través de las asociaciones profesionales que representan a los distintos sectores. En algunos casos, son enviados por los propios países, pero a menudo representan intereses opuestos. Por un lado, está el sector que se ocupa de todo lo relacionado con la transición (cómo financiarla, cómo realizarla y cómo implantar tecnologías limpias), cuyo objetivo es fomentar resultados ambiciosos para la acción por el clima.
Por otro lado, están los que pretenden conseguir el resultado contrario: los representantes de las industrias fósiles. En los últimos años, las reuniones de la COP se han celebrado en países con importantes vínculos con la industria del petróleo y el gas, y hemos asistido a un número récord de participantes de este sector.
Por tanto, es difícil generalizar sobre la influencia que ejercen los particulares: hay fuerzas que empujan en direcciones opuestas incluso dentro de la misma categoría
¿Cómo puede la colaboración entre Europa y China para promover la acción climática mundial ser una alternativa viable para avanzar en las próximas negociaciones multilaterales?
No espero que China sustituya completamente a EE.UU. en la alianza climática, teniendo en cuenta además que China, a diferencia de los países desarrollados, no tiene obligación de contribuir a la financiación climática en virtud de la Convención. Probablemente asumirá nuevos compromisos de forma voluntaria. Sin embargo, sí dispone de las tecnologías necesarias para llevar a cabo la transición, por lo que es crucial entender qué dirección tomará su relación con la UE. Ésta podría tomar dos caminos opuestos: seguir a EE.UU. por la senda de los aranceles, intentando bloquear las importaciones chinas, o decidir pensar en un nuevo modelo de cooperación con China, aprovechando sus soluciones baratas.
Más allá de esta relación bilateral, también hay que considerar las interacciones entre la UE, China y los países en desarrollo. Mucho dependerá de las intenciones de los europeos y quizá requiera un acto de valentía y un cambio de perspectiva. En cualquier caso, es difícil hacer predicciones en este momento: los resultados de las elecciones en Alemania, el nuevo gobierno en Francia y los equilibrios internacionales resultantes también determinarán los próximos pasos de la acción multilateral por el clima.
