Sudán, una historia de guerras

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Sudán, debido a diversos y entrelazados factores, lleva años enfrentando una de las crisis humanitarias más graves del mundo. ¿Cuáles son las causas? ¿Y cuál es el papel de la comunidad internacional?

Con una guerra civil en curso desde el 15 de abril de 2023 y un alto costo humanitario –20 mil víctimas confirmadas, aproximadamente doce millones de desplazados, y una crisis alimentaria, sanitaria y económica sin precedentes–, Sudán está viviendo una de las crisis humanitarias más graves del mundo. Pero, ¿cómo se ha llegado a la situación actual? ¿Y qué está haciendo la comunidad internacional para evitar que la situación empeore aún más?

De la independencia al nacimiento de las RSF

Desde 1956, año de su independencia del Reino Unido, hasta 1989, Sudán experimentó una serie de golpes de Estado, durante los cuales distintas juntas militares se sucedieron en el gobierno del país. En 1989, el coronel Omar al-Bashir derrocó al gobierno de Sadiq al-Mahdi, entonces presidente, e instauró una dictadura militar que duraría 30 años, garantizada por la lealtad de los generales de las SAF (Sudanese Armed Forces).

En 2003, en Darfur, una región ubicada en el oeste del país, los grupos rebeldes Sudan Liberation Movement y Justice and Equality Movement se sublevaron contra el gobierno central: los primeros exigían la independencia de Darfur, mientras que los segundos buscaban derrocar al presidente e instaurar un gobierno democrático.

En un intento por sofocar la revuelta, Al-Bashir envió a la región a las fuerzas de las SAF, asistidas por un grupo de milicianos islamistas locales: los janjaweed. Uno de sus líderes, y fiel aliado de Al-Bashir, era Mohamed Hamdan Dagalo, conocido como Hemeti.

Durante los años del conflicto, las SAF y los janjaweed llevaron a cabo una campaña de limpieza étnica contra la población civil, lo que resultó en que Al-Bashir fuera condenado por genocidio, crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad por la Corte Penal Internacional.

En 2013, Al-Bashir transformó a los janjaweed, liderados por Hemeti, en una fuerza paramilitar conocida como Rapid Support Forces (RSF). Las RSF, ya reorganizadas, continuaron combatiendo en Darfur hasta la represión de la revuelta en 2020. Al final del conflicto, Hemeti había logrado el control de la región.

Con el apoyo de Al-Bashir, las RSF incrementaron su poder económico, llegando a controlar completamente las minas de oro en Darfur. Además, Hemeti expandió su negocio mediante el contrabando de armas y enviando a sus soldados a combatir en las guerras en Libia y Yemen.

La caída de Al-Bashir y la guerra civil

En 2018, la crisis económica, agravada por la mala asignación de los recursos estatales (destinados principalmente al sector militar), alcanzó su punto álgido, mientras que las condiciones alimentarias y sanitarias del país seguían deteriorándose.

En diciembre del mismo año estallaron manifestaciones prodemocracia en los principales centros urbanos del país, que rápidamente llegaron a la capital, Jartum. Al-Bashir no dudó en reprimir las protestas con el uso de la fuerza. Varios soldados de las RSF y de las SAF abrieron fuego contra los civiles en un intento de sofocar las manifestaciones que, a pesar de la violencia, continuaron.

El 11 de abril de 2019, el líder de las RSF, Hemeti, y el general de las SAF, Abdel Fattah Burhan, al ver que la acción de Al-Bashir para controlar las protestas no era efectiva, decidieron derrocar al gobierno y tomar el control del país. Sin embargo, este intento de restaurar la estabilidad fracasó, y la masacre de Jartum, en la que murieron cien personas, se convirtió en su trágico símbolo.

En este punto, una coalición formada por el Reino Unido, la Unión Africana, Estados Unidos y sus aliados en el Golfo Pérsico logró persuadir a los líderes militares y a los manifestantes para formar un gobierno de transición: los militares gobernarían primero y, después de 18 meses, cederían el poder a los líderes de la sociedad civil, quienes gobernarían durante los siguientes 21 meses.

Las cosas no salieron como se esperaba y, en enero de 2022, Burhan, tras derrocar al presidente interino Hamdok, asumió el control del país, con Hemeti como su vicepresidente. Surgieron nuevas protestas en todo el país y Estados Unidos, el Reino Unido, Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos presionaron a Burhan y Hemeti para alcanzar otro acuerdo con los manifestantes.

Un niño juega al fútbol en un campo de desplazados internos, no lejos de la ciudad de Jowhar, en Somalia.

El acuerdo se logró en diciembre de 2022 y debía conducir a la instauración de un gobierno democrático en abril de 2023. Sin embargo, Burhan y Hemeti no lograron ponerse de acuerdo en un punto clave: las RSF debían integrarse en el ejército en un plazo de dos años tras la instauración del nuevo gobierno, pero Hemeti, que no tenía intención de ceder fácilmente, propuso extender el plazo a diez años. El resultado de este desacuerdo fue el estallido de la guerra.

Los esfuerzos de la comunidad internacional

Debido a la intensidad de los combates en curso, las organizaciones humanitarias tienen enormes dificultades para entregar alimentos y medicinas, así como para enviar personal especializado que pueda hacer frente a las graves consecuencias sanitarias que el conflicto está causando. Sin mayores esfuerzos, Sudán corre el riesgo de convertirse en el epicentro de la mayor crisis humanitaria del mundo.

de: Andrea Cozzetto

mentor: Filippo Caon

traducción: Sofia Lima

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