El Mago y el caldero de petróleo

Por Roberto Kaz / Central de la COP*
Traducción Monise Berno
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No hay nada aleatorio en el paseo lobista de Ronaldinho por la COP

Probablemente hayas visto que el brasileño Ronaldinho Gaúcho está en la COP, invitado por el país anfitrión, Azerbaiyán. Un país gobernado por un dictador que califica la ciencia climática como “hipocresía” y utiliza un término mucho más noble, “regalo de Dios”, para referirse a sus reservas de petróleo y gas, que representan hasta el 50% del PIB. No parece que el Mago, quien viajó de Brasil a Asia en un jet privado, esté allí para defender la transición energética y la adaptación climática.

Fútbol y petróleo siempre han ido de la mano, ya sea a través de patrocinios —como Lubrax en la camiseta del Flamengo en los años 90, o Petrobras en los campeonatos de fútbol femenino en 2024— o, claro, a través de sus mecenas. Roman Abramovich, el multimillonario ruso que revolucionó el fútbol inglés al comprar el Chelsea a principios de este siglo, era un oligarca del petróleo. Rodolfo Landim, actual presidente del Flamengo —el club más exitoso de Brasil en los últimos cinco años— es dueño de una empresa de petróleo y gas. Algunos de los equipos europeos más costosos, como el Paris Saint Germain y el Manchester City, están vinculados a fondos de petrocalifatos como Catar y Emiratos Árabes. Vale recordar que la última Copa del Mundo fue en Catar. Y también la última COP.

Por último, está el ejemplo caricaturesco de Arabia Saudita. Hasta hace tres años, el país era conocido por la peregrinación a La Meca y, por supuesto, por sus reservas de petróleo. Hoy es el país donde juegan Cristiano Ronaldo, Karim Benzema, Sadio Mané, Roberto Firmino y Neymar. Lionel Messi no fue a jugar a Arabia Saudita, pero a cambio recibió al menos 100 millones de reales por pasar vacaciones y promover el país en sus redes sociales.

Hoy en día, los cinco salarios más altos del fútbol mundial están en Arabia Saudita. Cristiano Ronaldo gana 200 millones de euros anuales —o 1,2 mil millones de reales, al cambio actual. Es casi el presupuesto total gastado por el Ibama el año pasado. Es decir, para hacer goles, un solo jugador gana la misma cantidad que recibe una agencia para proteger todos los biomas de un país que juega un papel crucial en la lucha contra el cambio climático. Es un buen síntoma de la disfuncionalidad del dinero generado por el petróleo.

La visita de Ronaldinho a Azerbaiyán, llegando en un jet privado y acompañado de un ex vicepresidente de la petrolera estatal, puede parecer inusual, pero no tiene nada de aleatorio. Las COP son las principales trincheras para el enfrentamiento político contra el lobby de los combustibles fósiles. Y, precisamente por eso, están repletas de lobistas de este sector. La COP 26, en Escocia, contó con 503 lobistas. La COP 27, en Egipto, tuvo 603. En la COP 28, en Catar, el número se disparó: 2.456 lobistas, es decir, siete por cada indígena presente.

La diferencia ahora es que, con Ronaldinho, el lobby introduce en la COP la práctica del “sportswashing”. Hoy, por ejemplo, el Mago publicó en sus redes sociales una visita al presidente de Socar, la petrolera estatal. Parafraseando a Milton Nascimento, el futbolista suele estar donde está el petróleo.

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*Central de la COP, socio de la Agencia Joven de Noticias, es un sitio creado por el Observatorio del Clima, con toda la información que necesitas saber sobre cada edición de la Conferencia de las Partes (COP).

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