El futuro de la moda: ¿Es posible una transición sostenible?

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Partiendo del análisis del estudio "Just Fashion Transition 2023", el artículo desarrolla una breve reflexión sobre los costes humanos y medioambientales que conlleva la práctica de la moda rápida. El objetivo principal es sensibilizar a las empresas y, sobre todo, a los consumidores en las elecciones que hacen en este ámbito, con la esperanza de que éstas sean cada vez más respetuosas con el medio ambiente.

El pasado mes de octubre, con motivo del Foro de Moda Sostenible de Venecia, se presentó el estudio “Just Fashion Transition 2023“, patrocinado por Carlo Cici, responsable del Área de Sostenibilidad de The European House of Ambrosetti, una de las primeras consultoras empresariales fundadas en Italia.

Tomando como referencia 2.800 empresas italianas y europeas de la industria textil y de la moda, el estudio pretende analizar los retos en materia de transición sostenible en la industria de la moda y, por tanto, proponer cambios para acelerar el proceso.

Problemas

Se destacan varias problemáticas. En primer lugar, existen dudas sobre la eficacia de la presión reguladora ejercida por la Unión Europea.

Mientras que, por un lado, el compromiso de la Unión puede verse claramente en el desarrollo de la “Estrategia Textil de la UE”, una iniciativa lanzada en 2022 precisamente para regular la transición. Por otro lado, el proceso sufre un gran retraso, debido principalmente a las posturas discordantes adoptadas durante las reuniones y a la influencia ejercida por los distintos grupos de interés.

Además de los problemas en el ámbito legislativo, también hay dificultades en el plano técnico. Por ejemplo, el coste de producción de una prenda sostenible es el doble que el de una tradicional y puede revenderse hasta cuatro veces por encima del coste de producción inicial.

Además, las fibras naturales suelen percibirse como más respetuosas con el medio ambiente y, sin embargo, en algunos casos pueden tener un mayor impacto ambiental que las fibras sintéticas o artificiales.

A esto hay que añadir las actitudes de los consumidores, que son superficiales y se orientan más hacia opciones no sostenibles.

Oportunidades

Sin embargo, el estudio, también ilustra las oportunidades actuales. Reciclaje y reutilización son las palabras clave del futuro.

La industria europea del reciclado textil es capaz de gestionar cada año el 32% de los residuos generados en este ámbito en el continente. Asimismo, la reutilización evita hasta el 97% de las emisiones de dióxido de carbono y reduce el consumo de agua en un 99% en comparación con el reciclado químico.

Otro factor clave es el compromiso de las empresas. Se pretende que cada vez más empresas textiles se vean obligadas a informar de forma transparente sobre su recorrido en materia de sostenibilidad. En este sentido, solo entre 2021 y 2022, el número de empresas europeas de moda comprometidas con la garantía de sostenibilidad aumentó un 17%.

¿Está funcionando?

Sin embargo, estos esfuerzos no deben inducir a error. Hay un gran número de empresas que, ante el aumento de la demanda de productos sostenibles, optan por no introducir cambios en la producción, lo que requeriría grandes sumas de dinero, sino simplemente hacer pasar sus productos por ecológicos y sostenibles, poniendo en práctica el llamado greenwashing.

Del mismo modo, los consumidores tienden, de forma más o menos inconsciente, a caer en estas trampas, acabando por apoyar el creciente mercado de la moda rápida. La gente opta por comprar ropa barata, de baja calidad y no duradera, pero que parece estar a la moda y se produce, fabrica y envía a toda prisa. El éxito de esta práctica se debe a los bajos precios y a la amplia gama disponible, que se actualiza constantemente con la última moda.

¿Quién sufre?

Las repercusiones recaen principalmente sobre los trabajadores y el medio ambiente.

Mantener los precios bajos se traduce en la explotación de los trabajadores, que se ven obligados a aceptar salarios bajos y a trabajar en condiciones precarias, sin garantías de seguridad, con turnos excesivamente largos, sin descansos ni vacaciones, y a menudo en negro. Los lugares de fabricación son principalmente países donde la normativa es menos estricta. Por ejemplo, actualmente, los tres principales exportadores de ropa a la UE son China, Bangladesh y Turquía.

Además, para poder ofrecer un precio final bajo, se decide renunciar a una serie de atenciones que deberían aplicarse para reducir el impacto medioambiental. El uso de materias primas baratas, los llamados microplásticos, como el poliéster, el nailon y el elastano, tiene un impacto que se extiende no sólo después, sino también durante su uso, ya que una pequeña cantidad de ellos se libera al medio ambiente mientras lavamos la ropa o la llevamos puesta.

¿Cuánto contamina nuestra ropa?

Según el UNEP (el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente), la producción anual de ropa consume 93.000 millones de metros cúbicos de agua y es responsable del 20% de la contaminación del agua.

De media, compramos más de lo que necesitamos y, según estimaciones de la Comisión Europea, esta tendencia seguirá aumentando. De hecho, se prevé que el consumo de ropa pase de 62 a 102 millones de toneladas en 2030.

Por lo tanto, hay que controlar más estrictamente la actuación de las empresas, pero, al mismo tiempo, no hay que subestimar la diferencia que marcan los consumidores que, eligiendo de forma más consciente, tienen la posibilidad de obstaculizar el éxito de estas empresas y evitar que estas prácticas sigan creciendo. Debemos centrarnos en la calidad más que en la cantidad. En la reutilización y el reciclaje, más que en el despilfarro.

Recordémoslo también de cara a las fiestas navideñas, una época en la que las compras y el consumo aumentan considerablemente. Compremos menos y mejor, teniendo en cuenta que cada pequeña acción individual puede marcar la diferencia.

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