El Alto Fucha: Ecoterritorio de lucha para habitar el borde urbano

Por: Jhody Sánchez (Colombia)

FUCHA significa niña, mujer, vida; estamos en la parte más alta de las montañas de san Cristóbal Sur, somos siete barrios: Aguas Claras, La Cecilia, Los Laureles Sur Oriental, Manila, Montecarlo y El Pilar, quienes llevamos el nombre de nuestro río Fucha, el segundo río más importante de la ciudad, donde las truchas se ven nadando, en donde se escucha el sonido del correr de sus aguas cristalinas a más de 3000 metros de altura, donde lo acompaña una riqueza natural como lo son nuestras montañas con variedad de especies nativas de fauna y flora. Contamos con una población aproximadamente de 5.400 personas conformados las mejores familias viviendo en nuestro territorio alto Fucha en donde se destacan por proteger, cuidar y preservar nuestro medio ambiente sin perder su cultura, sus raíces ancestrales, su sencillez y humildad. El Alto Fucha se ubica en Bogotá, Colombia, específicamente en la localidad de San Cristóbal.

Mapa 1. Territorio Alto Fucha. El Alto Fucha se ubica en Bogotá-Colombia en la base de los cerros orientales.  Elaboración propia.

Aquí no habitamos solamente nosotros, siempre están abiertas las puertas para que todas las personas de cualquier lugar vengan a visitar nuestro territorio e intercambiar historias, trabajos y experiencias para así mismo fortalecernos un poco más; Dejaremos huellas, conocimiento, experiencia a nuestros hijos para que sigan el mismo camino de nosotros sin dejar perder el significado y el trabajo arduo que nos ha tocado mantenerlo con el sudor de la frente, para que familias enteras no sean desplazadas de sus viviendas por megaproyectos del estado todos comprometidos haremos un mejor territorio” Así es como don Francelías Lacheros, presidente de la Junta de Acción Comunal del barrio La Cecilia describe el Alto Fucha.

Y es que efectivamente este territorio cuenta con la riqueza biológica y cultural que difícilmente se puede encontrar en el suelo urbano de la ciudad, pues estamos a las faldas de los cerros orientales de Bogotá lo que convierte al Alto Fucha en un escenario de disputa social y jurídica en torno a los usos del suelo y, por ende, de las representaciones sociales y ambientales que se construyen a su alrededor, ya sea por parte de los y las habitantes que históricamente han vivido en este territorio, o ya sea desde la lógica de un modelo de ciudad neoliberal.

Varias son las amenazas que atentan contra la permanencia de las comunidades. La primera, es la presión por parte de la alcaldía Distrital quien en sus diferentes gobiernos ha expedido diagnósticos que dan vía libre al reasentamiento de casi 1000 familias afirmando (con dudosos estudios técnicos) que se encuentran en peligro ya sea por: riesgo de remoción en masa, ronda hídrica, cuerdas de alta tensión o por encontrarse en zona de resera forestal; adicionalmente la planeación de senderos “ecoturísticos” sobre casas existentes demuestra la poca voluntad política que hay para entablar diálogos que logren consensos entre los intereses de la comunidad y el gobierno de Bogotá.

En segunda medida, la presión por parte de agentes inmobiliarios que cada vez están más cerca a nuestro territorio (porque para ellos no hay ningún tipo de riesgo ni ronda hídrica a pesar de que estén más cerca al río Fucha) encarece el suelo y por ende todos los productos de la canasta básica, generando gentrificación en la zona donde los habitantes hacemos las compras cotidianas y deterioro en nuestra montaña. Sin embargo, el principal argumento que utiliza la alcaldía es que somos los habitantes quienes deterioramos los cerros y el río. Curiosamente, Alto Fucha es el único territorio donde contamos con los dos kilómetros de agua cristalina del Fucha y justo en el borde donde empiezan a aparecer los conjuntos cerrados es donde la calidad del agua sufre un cambio abrupto debido a los vertimientos que le hacen de manera directa.

Es por ello que desde los habitantes y las diferentes colectividades se ha impulsado una alternativa que posibilite habitar la montaña de manera sustentable, garantizando la permanencia de las comunidades históricas, activando la economía local y construyendo otras relaciones con el ecosistema.

Los Ecoterritorios como propuesta para permanecer en el Alto Fucha

El Ecoterritorio es la propuesta que hemos construido para permanecer en nuestros barrios ante la amenaza de proyectos turísticos o inmobiliarios. El Ecoterritorio tiene como base los Ecobarrios que, en palabras de Álvarez (2010) “se plantean como una acción de resistencia propositiva frente a políticas de ordenamiento de los cerros orientales actuales y políticas y/o programas de reasentamiento donde se desconoce la identidad comunitaria, las relaciones con el territorio, las condiciones socioeconómicas, el derecho a vivienda digna y el derecho a ser reconocido como parte de la ciudad”. Esta es la raíz de los Ecoterritorios, sin embargo, mantener la categoría del Ecobarrio, está conllevando a que las luchas en defensa del territorio se vean fragmentadas ya que como bien lo dice la categoría se reduce al barrio pese a que existen prácticas, conflictos territoriales y propuestas de habitar los cerros en común, por ello, hemos decidido adoptar el Ecoterritorio que si bien parte de unas particularidades concretas del lugar lo que prima es reconocer lo común de nuestros barrios y los aledaños de los cerros para potenciar las luchas y mantener nuestro sentido de ser en el territorio. 

Del mismo modo, los Ecobarrios además de promover a una idea fragmentada de las luchas territoriales, también presupone la idea fragmentada del ecosistema. De manera que, el Ecoterritorio en su planeación debe tener en cuenta las dinámicas ecosistémicas y la biodiversidad, comprender la conexión entre los diferentes sistemas hídricos, montañosos y tróficos de los cerros, es decir, tienen en cuenta otras formas de vida diferentes a la humana. Por ello, su base radica en una ética del cuidado de la vida que promuevan estrategias sustentables de habitar. 

Esta ética del cuidado de la vida, necesariamente debe partir de un principio antipatriarcal, esto es, que se fundamenten en el respeto por todas las formas de vida, la diversidad biológica, cultural y sexual, fortaleciendo las relaciones horizontales, apuntando a la toma de decisiones consensuadas y no en vocerías autoproclamadas que generan tensiones internas innecesarias que desorientan las luchas comunes.

También, el Ecoterritorio, es soñado y construido por los habitantes sin desconocer la inversión estatal, por esto, en los Ecoterritorios es el valor de uso de los habitantes de los cerros, lo que debe prevalecer frente al valor de cambio.  Lo anterior, atendiendo a Marx cuando afirma que el valor de uso no tiene valor más que para el uso y no adquiere realidad más que en el consumo o disfrute (Marx, 1890). Para el caso del Alto Fucha lo que está en tensión es que los valores de uso de los habitantes están en lo que Harvey denomina “sistema de sostén de vida” el valor de uso en su sentido cotidiano “queda fuera de la esfera de la economía política”. Por el contrario, las constructoras crean valores de uso para otros a fin de conseguir valores de cambio para sí mismos. Cada actor concibe el valor de uso de manera diferente, por eso en el Ecoterritorio se insiste en darle relevancia al valor de uso de los habitantes de los cerros, teniendo en cuenta que:

“El espacio es un valor de uso, pero más aún es tiempo, con el cual está íntimamente vinculado, porque el tiempo es nuestra vida, nuestro valor de uso fundamental. El tiempo ha desaparecido en el espacio social de la modernidad. El tiempo vivido pierde la forma y el interés social a excepción del tiempo de trabajo. El espacio económico subordina al tiempo, mientras que el espacio político lo erradica, ya que está amenazando a las relaciones de poder existentes” (Lefebvre, 1976).

Foto: Autora

Entonces, un valor de uso que satisface las necesidades del disfrute o la subsistencia propias como la de los habitantes de los cerros de Bogotá no se puede convertir en mercancía con mecanismos como los proyectos Ecoturísticos o inmobiliarios que se quieren llevar a cabo a través del Plan de Ordenamiento Territorial.

La razón principal de que sea el valor de uso y no el valor de cambio el que prime, radica en que los Ecoterritorios conservan los sueños, historias y sentimientos desde lo individual y lo colectivo, que generan topofilia, que es ese sentimiento que liga a los seres humanos a aquellos lugares con los cuales, por una u otra razón, se sienten identificados. Pero incluso Yory (2003) va más allá, afirmando que la topofilia es más fuerte para los que nunca han tenido nada (los pobres y/o excluidos) y que por tanto conservan y defienden como única propiedad; a fin de cuentas, “el sentido de pertenencia” no es otra cosa que una autoafirmación cultural y, de tal suerte, una especie de “declaración de existencia” (Ibíd 2003). Entonces más allá de la emocionalidad que se reduce a una perspectiva psicológica individual, se propone la topofilia como experiencia ontológica, del sujeto, “el ser en el mundo”. 

Así pues, frente a la amenaza latente de desalojo y de destrucción del ecosistema de los cerros por los megaproyectos distritales y privados, la Comisión en Defensa del Territorio Alto Fucha propone los Ecoterritorios como respuesta para permanecer y ser en el mundo, en los cerros orientales de Bogotá, esta construcción se gestó a través de asambleas barriales donde se recogieron los sentires de gran parte de los habitantes y que se concretaron en lo que hemos denominado el Plan Alternativo Ecoterritorial del Alto Fucha.

Los principios que recorren el conjunto del Plan, son los puntos básicos que permiten establecer los escenarios de confianza entre comunidad e instituciones para la materialización de las propuestas, no se puede construir las intervenciones en el territorio sino se parte de: la garantía de permanencia de los habitantes en el territorio y de la participación comunitaria incidente.   

A partir de estos ejes de manera autogestionada, hemos ido caminando esa utopía que hemos llamado Ecoterritorios ya que ninguna institución gubernamental ha aceptado la legítima propuesta construida por la comunidad precisamente, porque el estado ha tenido el objetivo de profundizar el despojo, presentando como única alternativa el reasentamiento; propuesta que en el fondo tampoco ofrece condiciones viables y justas para las personas, pero ante esto decimos:

Ninguna decisión sobre nosotrxs sin nosotrxs

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