¿Y si la transición ecológica no es suficiente?

La captura y el almacenamiento de carbono como soporte para invertir la tendencia del CO2

Di Enrico Chiogna

Traducción de Mariano Figuera

Durante la ceremonia de apertura de la Cumbre de Líderes Mundiales COP26 en Glasgow, entre los discursos de los líderes mundiales, tuvo especial relevancia la intervención de Sir David Attenborough, famoso divulgador científico británico y autor de numerosos documentales sobre la naturaleza.

En su discurso, en el que su conocida voz estuvo acompañada de imágenes devastadoras de los efectos del cambio climático, Attenborough destacó que el principal factor del cambio climático se puede resumir en un número: 414.

Esta cifra representa la concentración de CO2 en la atmósfera medida en ppm (partes por millón), que ha crecido exponencialmente en los últimos 250 años, desde el inicio de la revolución industrial y la explotación del carbón como principal materia prima para la producción de energía.

Gráfico: NASA Climate Change, 2020

La capacidad del CO2 para captar en la atmósfera la radiación infrarroja emitida desde la Tierra hacia el espacio –el mecanismo físico que genera el llamado efecto invernadero y, en consecuencia, el cambio climático- es bien conocida. Asimismo, es bien sabido que el aumento de las temperaturas genera una serie de consecuencias catastróficas para la humanidad, desde el aumento de la frecuencia de los fenómenos meteorológicos extremos hasta el deshielo y la subida del nivel del mar. El aumento de la concentración de CO2 también favorece la acidificación de los océanos, haciéndolos cada vez más inhóspitos para la supervivencia del delicado ecosistema marino.

Si se esbozan sólo algunos de los efectos adversos generados por el aumento de la concentración de CO2 en la atmósfera, es evidente que la tendencia de este valor, que ha sido positiva en niveles exponenciales durante al menos dos siglos, debe invertirse drásticamente para reducir los efectos adversos del cambio climático.

La Tierra es un sistema complejo, que se asienta en diferentes estados de equilibrio de forma dinámica, dependiendo de una miríada de variables. De hecho, es bien sabido que las emisiones humanas de CO2 son compensadas por los llamados “absorbentes de carbono”, principalmente los océanos y los bosques, que son capaces de absorber menos de la mitad del CO2 emitido a la atmósfera.

Global Carbon Project, 2020

Así, la mayor parte del CO2 se difunde a la atmósfera, al tiempo que la capacidad de absorción de los bosques se ve amenazada por actividades como la deforestación.

Para revertir la tendencia al aumento de la concentración de CO2 en la atmósfera, es necesario tomar medidas drásticas. Sobre estas acciones no hay acuerdo desde el punto de vista internacional, a pesar de los constantes esfuerzos de la Conferencia de las Partes, que debería ser mucho más asertiva, especialmente en el tema de la implementación de los objetivos previstos por el Acuerdo de París de 2015.

En este sentido, la cuestión más importante es la transición de una economía basada en fuentes de energía fósiles a otra basada en fuentes de energía renovables, como la solar fotovoltaica, la eólica, la hidroeléctrica, la geotérmica y la nuclear.

Mientras que el Informe sobre la Brecha de Emisiones 2021 muestra la insuficiencia de los planes nacionales de reducción de las emisiones de CO2 (operacionalizados en las Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional), los expertos señalan las complejidades técnicas de la descarbonización de algunos sectores industriales, entre ellos el químico, el siderúrgico y el del transporte de larga distancia, incluso en el caso de que la transición ecológica deba completarse y la producción de energía a partir de fuentes renovables se haya maximizado.

En este contexto desalentador en el que perseguir la descarbonización de la economía sigue siendo una prioridad, también hay que mantener un fuerte enfoque en los métodos de captura y almacenamiento de carbono (CAC). Esencialmente, se centran en dos enfoques: 

  • por un lado, mejorar el estado de los absorbentes naturales de carbono, en particular los bosques, que son el único absorbente de carbono sobre el que la humanidad puede tener un impacto sustancial, por ejemplo a través del programa REDD + (Reducción de Emisiones por Deforestación y Degradación de los Bosques) de las Naciones Unidas, al que pertenecen los 53 Estados de la Coalición de Naciones con Bosques Tropicales (CfRN).
  • Por otro lado, las soluciones tecnológicas han ido ganando espacio en los últimos años, siendo la más importante la Captación Directa de Aire (DAC). El DAC es una tecnología basada en la captura de dióxido de carbono directamente de la atmósfera mediante lo que parecen ser enormes ventiladores equipados con sofisticados filtros químicos que permiten depositar el dióxido de carbono en forma líquida o sólida. El dióxido de carbono recogido de este modo puede almacenarse permanentemente bajo tierra para que se asiente en forma sólida, o puede utilizarse en la producción de combustibles neutros en carbono -combustibles con cero emisiones netas de CO2- o en otros usos comerciales (por ejemplo, sorprendentemente, la producción de refrescos carbonatados).

En la actualidad, este tipo de tecnología está todavía bastante inmadura y varios estudios intentan comprender sus implicaciones, dada su potencial importancia para invertir la tendencia del CO2. Siguen existiendo dudas sobre la estabilidad de los depósitos de CO2, así como sobre la naturaleza de los usos comerciales de estos depósitos, ya que actualmente el DAC atrae inversiones principalmente para la recuperación mejorada de petróleo (EOR), una metodología para extraer hidrocarburos de depósitos agotados.

Una buena noticia es que Climeworks, una empresa con sede en Suiza, ha completado -en asociación con Carbfix- la construcción de la primera planta comercial de DAC a gran escala: ORCA, lanzada en 2021 cerca de Hellisheidi, Islandia. Climeworks, por estatuto, se compromete a utilizar el CO2 capturado de forma ecológicamente sostenible, evitando la comercialización del producto de su actividad industrial a los grandes holdings petroleros que pretenden utilizarlo para la producción de nuevas emisiones de CO2. Se espera que Climeworks asuma un papel de liderazgo entre las empresas que entran en este mercado emergente, para difundir su idea ética y ecológica en el uso del CO2 capturado de la atmósfera.

Climeworks, 2021

Como ya se ha dicho, el planeta es un sistema complejo y, a pesar de su capacidad para establecerse en diferentes equilibrios en función de las variables que determinan su comportamiento, la transición de un equilibrio a otro implica cruzar “puntos de inflexión”, que pueden comprometer gravemente la capacidad del sistema terrestre para soportar la población humana.

La CAC (Captura y Almacenamiento de Carbono) no es una panacea para invertir la tendencia del carbono, pero puede ser un apoyo muy útil para acelerar la consecución del objetivo de cero neto y estabilizar finalmente el valor de la concentración de CO2 en el aire, permitiendo además pasar a una nueva fase, la de las emisiones negativas.

Por tanto, será necesario que los delegados de la COP26 alcancen acuerdos sustanciales, con objetivos intermedios y vinculantes que garanticen la eliminación de las fuentes de energía contaminantes, evitando los enésimos intentos (casi siempre exitosos) de posponer estos objetivos, lo que podrían hacer apelando también a las futuras reducciones de CO2 garantizadas por la CAC.

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